Separar en la fuente
Cada hogar, salón o local organiza sus materiales antes de que salgan. La separación se explica con ejemplos del día a día y se ajusta a lo que realmente se produce en el lugar.
BBVA · Reciclaje es un programa institucional para separar, recolectar y volver a usar materiales en barrios y colegios de Colombia. Sin tecnicismos: con rutas claras, personas formadas y acuerdos que permanecen.
Una iniciativa de BBVA que conecta práctica cotidiana, educación ambiental y organización comunitaria. El punto de partida siempre es el territorio.
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No se trata solo de entregar materiales. Se trata de construir un hábito colectivo que tenga sentido para quien lo practica y que resista cuando cambian las personas de turno.
Cada hogar, salón o local organiza sus materiales antes de que salgan. La separación se explica con ejemplos del día a día y se ajusta a lo que realmente se produce en el lugar.
Una ruta sostenible necesita horarios, responsables y puntos de acopio conocidos. Diseñamos el recorrido con la comunidad y lo probamos antes de dejarlo funcionando.
Los materiales recuperados se transforman, se compostan o se entregan a procesos locales que les den un nuevo uso. La prioridad es reducir lo que termina mezclado.
BBVA acompaña iniciativas sociales y ambientales en el país. BBVA · Reciclaje es parte de ese compromiso: fortalecer capacidades locales para el cuidado del entorno, la organización comunitaria y la educación ambiental. La marca actúa como aliada institucional; el conocimiento y la operación pertenecen a cada comunidad.
Nuestro programa insignia: un acompañamiento de varias fases para que un barrio, colegio o conjunto de locales organice su propio ciclo de separación, recolección y aprovechamiento. Se adapta al tamaño y al ritmo de cada grupo.
Incluye diagnóstico, formación, prueba de ruta y una guía de continuidad que queda en manos del equipo local.
Qué se produce, quién lo maneja, dónde se acumula y qué prácticas ya existen.
Qué se separa, en qué recipientes y con qué señales visibles para todas las personas.
Días, horarios, puntos de acopio y personas encargadas de sostener el recorrido.
Un documento sencillo para que el proceso siga cuando el acompañamiento termine.
Combinamos herramientas según el punto de partida. No todos los grupos necesitan lo mismo, y eso está bien.
Observamos cómo se manejan los materiales en el lugar y detectamos dónde se mezclan. El resultado es una línea base clara, sin juicios.
Diseñamos y señalizamos espacios para guardar materiales separados. Se define quién los usa, cómo se rotan y cuándo se entregan.
Sesiones prácticas con ejemplos del barrio. Cada participante reconoce qué va en cada grupo y resuelve dudas con casos reales.
Trazamos recorridos con horarios viables y responsables identificables. La ruta se prueba y se corrige con quienes la usan.
Acompañamos la separación de residuos orgánicos y el manejo de una compostera sencilla, con seguimiento y señalización.
Formación a docentes y estudiantes para que la separación sea parte de la vida escolar y no una actividad aislada.
El orden puede variar según el lugar. Lo que no cambia es la necesidad de observar antes de actuar y de ajustar con evidencia.
Recorremos el lugar, conversamos con vecinos y revisamos cómo se manejan los materiales. Escuchamos antes de proponer.
Definimos recipientes, horarios, puntos de acopio y responsables. Todo se prueba con un grupo pequeño antes de abrirlo al resto.
Formamos a las personas, señalizamos los espacios y acompañamos las primeras semanas, que suelen ser las más difíciles.
Revisamos qué funciona y qué se atasca. Cambiamos lo necesario y dejamos una guía para que el equipo local pueda continuar.
Testimonios recogidos con autorización. Cada proceso tiene su propio ritmo y sus propios aprendizajes.
“Antes todo iba en la misma bolsa. Ahora los niños del colegio corrigen a los adultos cuando se equivocan.”
“La ruta funcionó cuando dejamos de depender de una sola persona. Eso fue lo que más nos costó y lo que más nos sirvió.”
“El taller no fue una charla: fue probar, equivocarse y volver a intentarlo con nuestros propios materiales.”
Dudas que aparecen una y otra vez cuando un grupo decide empezar. Si la tuya no está, escríbenos.
El reciclaje es el proceso de separar materiales que todavía pueden volver a usarse para que no terminen mezclados con el resto de los residuos. En un barrio importa porque reduce lo que se entierra o se quema, mejora la limpieza de los espacios compartidos y crea hábitos colectivos. No resuelve todo por sí solo, pero es una base concreta para cuidar el entorno.
Empieza con dos grupos sencillos y sostén el hábito antes de agregar más. Revisa qué produces durante una semana y elige recipientes que puedas lavar y mantener secos. Ubícalos donde realmente los uses, no donde se vean bonitos. La constancia vale más que la cantidad de categorías.
Trabajamos con materiales de uso cotidiano que puedan separarse y entregarse limpios y secos. Antes de iniciar, cada comunidad recibe una lista clara según lo que su ruta puede manejar. No todos los lugares aceptan lo mismo, y por eso la lista se acuerda con los responsables locales en lugar de copiarse de otra experiencia.
La frecuencia depende del volumen, de la ruta y de la capacidad de los puntos de acopio. En la fase de acuerdos se define un calendario realista y se comunica con señales visibles. Si el calendario no se cumple, se ajusta con la comunidad en lugar de exigir un ritmo que no se puede sostener.
Escribe desde el formulario con el nombre de tu organización o grupo, el tamaño aproximado y una descripción breve del lugar. Revisamos la solicitud y respondemos con preguntas concretas. Si hay condiciones para avanzar, acordamos una primera visita y un plan de trabajo inicial.
No hace falta un gran montaje. Hace falta un grupo dispuesto a observar, acordar y sostener una ruta. Cuéntanos dónde estás y qué quieres cambiar.
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No se establecen compromisos de resultados ni plazos únicos para todos los procesos. Cada comunidad tiene características propias y los tiempos se definen de manera conjunta.
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